¿Revolución por redes sociales?

por CristobalBley en Blog

No. No nos hagamos los lindos. Las redes sociales nos hacen ganar plata y perder tiempo, pero no hacen caer a un gobierno. ¿Sirven? Sí, pero no tanto como las organizaciones políticas, los líderes, las asambleas, los discursos y, sobre todo -principalmente- las necesidades, la rabia y el entusiasmo. Lo que está ocurriendo en el norte de África -y que, ojalá, se está propagando hacia el Medio Oriente- tiene menos que ver con las redes sociales y más con la imposibilidad del secreto, de la represión silenciosa. Hoy (casi) todo se sabe, y cuando la gente se empieza a juntar en la calle con terquedad, es poco lo que se puede hacer. Todas las cadenas noticiosas mirando, todos los grandes medios (ninguno chileno, por supuesto) cubriendo. Lo llamativo y emocionante es que cuando el gobierno egipcio -puesto en serios aprietos por la gente que se veía tan feliz, reclamando por lo que nunca pudieron- decidió cortar el suministro de internet y apagar las comunicaciones vía celular, lo único que hizo fue echarle parafina a la fogata. Sin posibilidades de comunicarse a distancia, la gente se vio, más que nunca, obligada a salir a la calle, a volver a los ¿buenos? viejos tiempos donde la vida era en persona, mirándonos a los ojos. Ya había aparecido hace varios meses, relacionado con las revueltas ocurridas tras el fraude electoral en Irán, una discusión que planteaba esta misma pregunta. ¿Están las redes sociales produciendo revoluciones en el mundo? Muchos twitteros lo afirmaron con mayúsculas, al sentirse revolucionarios, al creer que, desde su teclado en su computador en su oficina en su barrio con pasto en las veredas y un Castaño en la esquina, estaban cambiando al mundo poniéndole un # a sus frases en cientocuarenta caracteres. No no no, por suerte no es tan fácil. Menos mal que no es tan sencillo. El periodista norteamericano del New Yorker, Malcolm Gladwell, puso las cosas en su sitio al argumentar con maestría, y basado en los análisis de académicos entendidos, que Twitter y Facebook son herramientas que ayudan y facilitan, pero que en ningún caso provocan ni generan ningún tipo de activación política o multitudinaria. Hay dos líneas argumentativas en su posición. Una: la desinformación. Como casi todas estas "revoluciones" (no vamos a entrar a definir ni discutir lo que se entiende por revolución, eso da para un artículo que no soy capaz de escribir; dejémoslo entre comillas) sucedieron en países lejanos (Moldavia, Irán, Egipto), con idiomas distintos y culturas no occidentales, la incapacidad para interpretar correctamente el surgimiento de estas movilizaciones fue generalizada. Golnaz Esfandiari, citada por Gladwell en su artículo, lo dijo muy bien: “Los periodistas occidentales que no pudieron alcanzar –¿o no se molestaron en hacerlo?- a la gente de a pie en Irán simplemente repasaron los posteos con el tag #iranelection en inglés. Y mientras lo hacían, a ninguno se le ocurrió preguntarse por qué gente que quería coordinar protestas en Irán usaría otro idioma diferente del propio, el farsi.” Así, se hace fácil pensar que las redes sociales, tan latosas y llenas de basura en su mayor parte, pueden cumplir el doble sueño de mejorar el mundo y de encontrarnos a nosotros, sentados en nuestras sillas, siendo partícipes de ello. El otro gran argumento que entrega Gladwell es que, como ha demostrado tan bien la historia, "el activismo que enfrenta al statu quo –que ataca problemas de raíces profundas– no es para flojos. El activismo de alto riesgo es un fenómeno de lazos fuertes". Esto es: las redes sociales, por muy sociales que sean, no son capaces de producir los lazos fuertes y confiables que cualquier tipo de movilización masiva necesita. ¿Podemos confiar en nuestro 'amigos' de Facebook o en nuestros 'seguidores' de Twitter a la hora de, por ejemplo, enfrentarnos a la policía en la calle? Para lograr lo que se está logrando hoy en Egipto (y mañana en Jordania, Sudán, Marruecos, Arabia Saudí, Pakistán y -uuuh- China) se necesita alto riesgo. A mucha gente descontenta, también, pero principalmente riesgo en quienes prenden la mecha. Hay que saber que hay una bomba, pero hay que tener huevos para activarla. Y eso no se coordinó mediante DMs, podríamos asegurarlo. Evidentemente, y como se describe en este artículo de El País, Facebook fue al comienzo una herramienta importante para atraer a más gente. Y eso también se hizo notar en la forma del movimiento: mucha gente, pocos líderes. No se vio una cabeza que comandara el asunto. Eso es quizá lo malo -¿o lo bueno?- de esta nueva forma de propagar las movilizaciones: las personas acuden casi que en familia, sin la desconfianza que algunas veces puede causar la presencia de un líder claro, pero, ¿se obtienen resultados concretos? En Irán todo quedó igual que antes, y en Egipto se produjeron cambios históricos y maravillosos, pero no inmediatos. Mubarak no se fue, sigue ahí. Concluye Gladwell -y lo aplaudo-: "Las redes sociales hacen que sea más fácil para los activistas expresarse, y más difícil que esa expresión tenga un impacto. Los instrumentos de las redes sociales están muy bien preparados para hacer que el orden social existente sea más eficaz. No son un enemigo natural del statu quo".

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  • Horacio Valdivia hace hace un año atrás

    CLAP CLAP CLAP Cristobal!
    Gran post. Te agradezco tu lucha moral para mantener los principios claros.
    Gracias.